La Rioja atraviesa una mala situación económica y social a principios del siglo XX. Las condiciones de vida en muchos pueblos riojanos son extremadamente duras. La agricultura, la ganadería y la artesanía son casi de subsistencia. Los pueblos de la sierra riojana se encuentran en una situación de atraso y de escasez absoluta con limitados servicios y carentes de las más elementales infraestructuras.

Todo ello provoca una continua y progresiva despoblación. Muchos riojanos deciden emigrar de las zonas rurales a los núcleos urbanos y los más atrevidos tienen en América su principal punto de destino.

El declive de las actividades económicas tradicionales y el destrozo de las viñas por la filoxera obliga a los jóvenes serranos a emigrar. Los campos son abandonados y la riqueza agrícola e industrial se acaba, lo que provoca que multitud de personas vean en la emigración la única vía de escape.

La mayoría emigra por requerimiento, que consiste en que familiares o amigos les invitan a venir a América para
trabajar con ellos facilitándoles la llegada. Esto ocasiona la formación de cadenas por parentesco en las mismas actividades comerciales e
industriales.

 


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